104. EL CUENTO DE ISIDRO: "LA APUESTA"

Sucedió en el año ’63 cuando se toreó la vaca por las fiestas, en la Calle del Cristo de la Paz. Y aunque las dos barreras que cerraban ambos extremos de la calle eran sólidas y bien construidas, la vaca se escapó. Alguien se preguntará ¿cómo fue eso? pues por uno de esos fallos de seguridad que sólo se ven cuando ocurre lo imprevisto. Fue de lo más sencillo, que la casa de la esquina que era bar, tenía dos puestas, una en la calle cerrada y otra en la abierta, y el animal, en una de sus carreras acertó a entrar en la casa por una y salir por la otra puerta libre y feliz y sin que sus muchos toreros cuando salieron en su persecución supieran qué dirección había tomado.


Inmediatamente se organizó el equipo de búsqueda que fue en dirección a la playa, y otro hacia la huerta en dirección noreste. El primero compuesto por miembros de la comisión y un par de voluntarios, y otro por muchachos del pueblo sin ninguna responsabilidad de cuanto pudiera hacer de perjuicio el animal en libertad.


Los primeros estuvieron toda la noche tras la pista de la fugitiva hasta que por fin la localizaron al amanecer cerca del cuartel de la Guardia Civil de la Albufereta, consiguiendo atraparla y conducirla entre todos a su corralillo de Sant Joan. Los segundos, que como ya se ha dicho iban por libre, cuando se cansaron de buscar, regresaron a sus casas a eso de las dos de la madrugada.
Juan era uno de los componentes de este grupo, y cuando llegó a su casa se encontró con que su hermana le dijo que el padre y la madre habían sido avisados de que la "Tía Toneta" que vivía en El Palamó, había muerto, y con la tartana se habían ido al velatorio.


- Pobre "Tía Toneta"- se lamentó Juan- aunque ella ahora es más feliz que yo.


- No te lamentes, Juan, que tú no tienes problemas; eres joven, estás sano, posees casa y tierras que otros no tienen, y además un duro en la cartera cuando es menester.


- Sí. Es cierto, tengo todo eso que dices, pero no lo que más deseo en el mundo. No tengo a María.


- Tú eso no se lo has dicho nunca a ella - le atajó su hermana-


- Pero lo sabe sobradamente.


- ¿Y cómo lo sabes tú, por el blanco de los ojos?


- Lo sé por su comportamiento, si me quisiera no haría ciertas cosas. Esta noche sin ir mas lejos, estaba bailando en la verbena con un tío, tan contenta ella.


- Te equivocas en eso de la parentela, porque con quien estaba bailando María no es su tío sino el marido de su prima la de El Campello. Que eres un miedica y muy celoso, Juan y los dedos te parecen convidados. ¿No has visto que estaba allí mirando como bailaban su mujer con la niña pequeña?


- Estas equivocada hermana, a María no le importo un rábano.


- Pues yo estoy segura que te equivocas, y por eso te voy a hacer una apuesta. Tú hucha contra la mía. Ya sabes lo interesada que soy y no me arriesgaría a perder si no estuviera segura de lo que digo.


- Mira hermana, que si acepto la apuesta va en serio y que luego no vale eso de que "era una broma" que si "perdóname". Si apostamos, el que pierda paga, y es el caso que tu tienes cien duros en la "vedriola" y yo sólo cincuenta.


- Sí lo se muy bien, me lo has dicho cien veces.


- ¿Y cómo es la apuesta?


- Es la siguiente. Si dentro de cinco minutos no está aquí María, te da un beso y te dice que te quiere, pierdo yo; y si lo hace, pierdes tú.


- Tú estás loca, son las dos de la mañana... y aunque fueran las dos de la tarde, eso no lo haría nunca María. ¿No será que en ausencia "dels pares" te has pegado un buen trago de "vi dolçet"?


- Tú sabes que no es ese mi punto flaco, estoy más serena que una noche de escarcha. ¿aceptas o no?


- Es una verdadera tontería, pero por curiosidad acepto, yo sé que esto será algún paso de teatro de los de ese grupo que te has apuntado, o que me pasarás la foto de María por la cara y dirás que me ha besado, pero en el remotísimo caso de que fuera cierto lo del beso y la declaración, yo no perdería, porque el amor de María vale para mí más que esos cincuenta duros, esta casa y esas tierras que antes me has nombrado. Así pues, sea como fuere, yo seré el ganador de la apuesta.


- Muy bien dicho, entonces aceptas.


- ¡Acepto, palabra! Y ¿Cuándo empieza eso?


- Ahora mismo, y con voz solemne dijo la chica: ¡Adelante María!


Y acto seguido se abrió la puerta de su habitación y apareció María, pálida, esbelta, vestida con un batín blanco y suelta su hermosa y negrísima melena. Caminaba descalza y sonreía; anduvo directa hacia Juan con los brazos abiertos, y cuando llegó a él le abrazó y le dio un beso fuerte y largo, muy largo, hasta que se separó y cumplió la última condición de la apuesta, diciendo:


- Juan, te quiero.


Juan, estaba tan sorprendido que no acertaba a hablar. María, que había aparecido pálida, estaba ahora colorada y sonreía sin cesar, y la hermana de Juan, lloraba de alegría.


- No sabéis lo feliz que me hacéis - dijo con entrecortadas palabras - viendo que mi mejor amiga será algún día mi cuñada. Y dirigiéndose a su hermano, le dijo: esta tarde me ha contado María lo mal que lo estaba pasando viéndote indiferente, y luego, cuando el padre y la madre han decidido ir a casa de la "tía Toneta", le he pedido que me hiciera compañía y durmiera conmigo esta noche. Luego, en la cama le he propuesto el plan, que ella ha aceptado con algo de miedo. Te hemos esperado impacientes, temerosas por tú tardanza, pensando si te habría sucedido algún percance en la búsqueda de la vaca, pero por fin has venido y ha quedado todo felizmente resuelto.


- Y bien - continuó la hermana - nosotras no hemos cenado y ahí está la cena que la madre ha preparado y que con lo de la "tía Toneta" no se ha tocado, y aunque son las dos y media , ¿qué os parece si ponemos la mesa y cenamos?. María sonreía feliz y Juan respondió por los dos:


- Nos parece de maravilla después de hacer una apuesta en la que hemos ganado todos.


ISIDRO BUADES RIPOLL

Cronista de la Villa de Sant Joan d'Alacant

Publicado porAlfredo en 23:59  

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