112. ENSOÑACIÓN
miércoles, 15 de octubre de 2008
- ¡Buenas!
- ¡Muy buenas!
- ¿Es aquí la casa de los sueños?
- No señor, aquí es la casa de la muerte.
- Y ¿qué es la muerte?
- Es un sueño
- Y… ¿yo podría soñar?
- Lea el letrero
"PROHIBIDO SOÑAR.
Y EL QUE LO HAGA,
QUE SE ATENGA A
LAS CONSECUENCIAS"
- Y ¿qué me podría pasar?
- Que se podría morir
- Y ¿usted cómo sabe que no estoy muerto?
- Porque no ha traído el salvoconducto
- Y ¿yo cómo sé que no estoy muerto?
- Porque está ahí fuera. Mírese en un espejo y si ve su imagen reflejada es que está vivo. Claro indicio de que no es su turno
- Y usted ¿qué hace aquí?
- Esperando a que venga. Cuando venga, mi labor habrá concluido.
- Y ¿si decido no venir nunca?
- Aunque esa no es su decisión, vendrá
- Y ¿si tardo en venir?
- Será mi penitencia
- Yo también tengo una penitencia
- Ni aún muriéndose uno adrede se consigue la paz o la libertad.
- Si, pero no es lo mismo.
- La muerte es hereditaria, no se precipite.
- Pase a la puerta de al lado.
- Y ¿podré entrar?
- No sé, ese guardián es muy estricto. Esa es la casa de "SÉ TU MISMO"
-¡Ah!
JOSÉ GIL JUAN
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112. DE LA CULTURA
Hace tiempo, no sé cuanto, pero tampoco viene al caso, me volví a encontrar con uno de los redactores de esta revista con el cual me una antigua relación de vecindad y también un gramo de locura en el asunto de mantener en pie la edición de una revista en la cual no se dan noticias sobre la persecución inmisericorde de un balón por parte de veintidós señores en pantalón corto ni tampoco se mencione en ella la disección visceral del famoso de turno, expuesto a las pesquisas del cotilla de turno y aguardando el final del programa para cobrar una remuneración pactada por la exposición pública.
A veces la solidaridad nos juega malas pasadas y nos dejamos llevar por un aire neorromántico dando rienda suelta a la imaginación, entonces soñamos con defender lecturas poco recomendables por el escaso interés que despiertan y suponemos en nuestro delirio que el ávido lector devorará el texto con la misma pasión con la que está escrito; suele ser un error imperdonable del que salimos cuando nos damos de bruces con la realidad.
Al principio de comenzar a escribir este amago de artículo, me planteaba hacerlo sobre la cultura, craso error el mío; de entrada comenzaron a asaltarme unas dudas algo más que razonables de que me saliera una cosa demasiado seria y pudiera ocurrir que los lectores huyeran despavoridos y en masa como le ocurre a cierta cadena de televisión que lleva por bandera, sin saberlo, ayudar a dormir la siesta a medio país con unos hermosos documentales sobre animales correteando por la sabana.
Como nos une una cierta relación de amistad, no quisiera espantarle los lectores con disertaciones aburridas; le haría un flaco favor a nuestra relación y no es esa mi intención ni tengo cuenta oculta pendiente que solucionar con él. Pero tampoco quiero entretener al personal a base de humor, porque ya hay demasiada gente dedicada a hacer humor: políticos, periodistas, cómicos, famosos de poco pelo etc, se ocupan de ello con mucha mas suerte y gracia de la que yo pueda tener por muchos siglos que viviera; en definitiva que me llevan mucha ventaja para poder alcanzarles.
A estas alturas, si aún queda algún lector que haya tenido la paciencia de soportar la perorata anterior, le diría de entrada, gracias de todo corazón y después de mi eterno agradecimiento le comentaría que para hablar de cultura deberíamos ponernos de acuerdo en las definiciones sobre ella y para eso quiero ver que dice ese objeto que por regla general adorna con primor las estanterías del mueble del salón y que en su lomo se puede leer Diccionario de la lengua española , dependiendo del diccionario así puede ser de compleja la respuesta, pero en el de la Real Academia Española, nos iremos a la cuarta entrada y al apartado popular que es al que más se asemeja la labor de esta revista. He de decir que existen en los anaqueles otros espacios, pero esos generalmente los ocupan películas en DVD que generalmente suelen proporcionar mayor entretenimiento que los libros.
Una vez leída la definición que no voy a copiar aquí y que daremos por buena, podemos emplazar al valeroso lector para un próximo artículo donde entraremos a fondo en la cuestión. Pero antes de dar por concluido éste inclasificable engendro, quiero animar en su perseverancia al antiguo vecino y a sus esforzados compañeros de redacción.
Nosotros sabemos por similar formación académica que estas pequeñas historias del pueblo que salpican las páginas de Lloixa, conforman una cultura a pie de calle, que es de la que se nutren las páginas de esos hermosos libros cuidadosamente editados y llevan a sus progenitores a sentar cátedra en materia histórica y cultural. Ésta labor puramente cultural la llevan haciendo muchos años desde las páginas de esta revista sin pedir remuneración a cambio de ello.
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111. EL ORIGEN DE LAS FIESTAS (PARTE 1)
viernes, 12 de septiembre de 2008
Sólo cuando el vino estaba dispuesto para hervir en sus barricas y los hollejos de la uva habían sido almacenados para destilar orujo durante los tediosos días de invierno, los payeses celebraban las fiesta de septiembre”.
Este pequeño párrafo de la obra “La catedral del mar”, nos puede introducir perfectamente en nuestras fiestas, las del Cristo, las que van a celebrarse en unos días, o por qué no, las de nuestro vecino pueblo de Mutxamel. Como en más de una vez se lo hemos dejado insinuar, son fiestas de entrada en el otoño, de cambio de estación, pero sobre todo de “después de la recolección” y su origen y significado, muy diferente del que ahora le damos, pues en sus inicios habría sido una fiesta pagana de acción de gracias a la madre tierra encargada de dar los frutos, a un señor de la tierra, encargado de fecundarla y por qué no a un hijo de ambos que es a la vez víctima, pues muere, pero al mismo tiempo, es esperanza, pues renace y con él, la vida en la naturaleza. Es por así decirlo, la triada más representativa desde época ibérica, que al mismo tiempo, es la primera de que conservamos una iconografía mistérica (excepción hecha de las pinturas rupestres y santuarios en grutas que se conservan).Pero aunque los orígenes más que probables se hallen en dicho punto, entendemos que no es solamente lo anteriormente apuntado lo que nos dejaría nuestra herencia festera. En realidad, entendemos que debemos indagar y hurgar un poco más en los orígenes de nuestro calendario festivo para llegar a conclusiones mucho más importantes.
No queremos irnos tan lejos en el tiempo, como lo que hemos apuntado al principio, por lo que vamos a reflejar solamente el pensamiento medieval como caldo de cultivo para las fiestas que hoy en día se desarrollan, aunque los primeros antecedentes, bien podamos buscarlos en el párrafo anteriormente apuntado.
Para empezar, debemos resaltar la gran importancia que para los hombres medievales suponía el tiempo. Este concepto, debía tener una relevancia abrumadora, ya que por un lado, no era algo de lo que pudiera disponer en gran cuantía. Tengamos en cuenta, que su expectativa de vida rondaba los cuarenta y tanto años; por otro lado, se veía influenciado por los fenómenos naturales, dentro de los cuales se hallan las estaciones anuales. Ellas, le daban un mayor o menor número de horas de sol, por lo que necesitaba un elemento que le mantuviera también informado de las horas. Éste, sería la iglesia, o en su defecto, la ermita, que mediante las campanadas, le avisaría de las horas del día, además de otros sucesos que no vienen al caso ahora. Además de esto, este elemento constructivo, le daría cohesión social al grupo y serviría para organizar la teogonía o historia cristiana a la que se sujetarán los mitos, santos y fiestas con los que agasajar a los mismos, aunque lo cierto es que en realidad, se agasaja uno mismo.
Pero además, un día no solamente tiene horas de sol. También tiene horas nocturnas, y con ellas, la luna, y con ésta, el ciclo lunar, el cual, será de importancia capital para establecer el calendario de fiestas por el que se regirá todo el orbe cristiano. Así, las relaciones existentes entre el cómputo de la Pascua, y el ciclo lunar y entre la Navidad y el solsticio de invierno, los dos hitos del calendario cristiano, evidenciaron el papel de la iglesia en la visión de la fiesta entre los europeos.
MODESTO BAEZA MARTÍNEZ y FCO. J. RAMÓN MARTÍNEZ
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111. LLANTO POR UN DESCONOCIDO
Deambulaba Rambla abajo, cuando debido a la festividad del día, dispararon una traca.
Pasos atrás caminaba un anciano, que debido a lo inesperado del estallido de la cohetería se sobresaltó y cayó de bruces sobre la acera.
Debió de pegarse un golpe contra el suelo en la nariz, ya que empezó a manar sangre con abundancia.
Fui el primero en llegar a él, para ayudarle a incorporarse y sostenerlo mientras tanto acudían otras personas y la policía para socorrerle debidamente. No podía contener el llanto, lo dejé en manos de los demás y me ausenté, para dar rienda suelta a mis lágrimas que pugnaban por aflorar de mis ojos.
Me resultó lamentable la situación, pero posiblemente no fue sólo por eso, lo que me llevó a ese extremo de sensibilidad hasta prorrumpir en llanto, por un desconocido.
Me vi en esa situación a mi mismo dentro de unos años,… meses, … o tal vez, a no mucho tardar y con la amarga sensación de no haber podido hacer más por un semejante.
Solo, desamparado, triste, amargado, ausente de si, rodeado por gentes extrañas a las que no me unirían otros vínculos mayores, que los que nos unían al anciano, las gentes que acudieron a socorrerle, y a mi mismo.
Era tal mi desconsuelo, que volví mis pasos a casa, entré sin decir nada; mi mujer me miró, sin decir nada tampoco, algo vio en mí. Me dió un beso.
¿Intuición femenina? No sé. Tal vez.
De todos modos, gracias por la muestra de cariño. Me sentí muy aliviado.
Quiero pensar, que en el mejor de los casos que, a él, cuando acudieran sus familiares también le darían un beso de amor
JOSÉ GIL JUAN
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