107. ¡PAPÁ LLÉVAME A CASA!
domingo, 13 de abril de 2008
Resulta curioso cuando uno se zambulle por esos archivos de Dios, a veces encuentra documentos curiosos como el que les contamos a continuación. Se encuentra en el Archivo de Simancas con la signatura G. M. leg. 6847-244, y es una carta un tanto curiosa por la familia de quien creemos puede provenir. Dicha misiva, va dirigida al Rey y la suscribe D. Domingo Martí. Al parecer, comienza con lo que podría ser un conflicto familiar, en el que el hijo de éste, desaparece sin dejar rastro. Por lo visto, se había enrolado en el ejército y no solo esto, sino que además, se va al Nuevo Mundo, a Cuba, a lo que se decía hacer fortuna, algo muy común en aquella época. Pero por lo visto, la historia le sale rana y probablemente llama a papaíto para que le saque las castañas del fuego, ya que no habría conseguido hacer la carrera militar todo lo fulgurante que él habría querido, además de no reconocérsele su titulación nobiliaria. De igual forma, puede que los mismos mandos, según deja entrever el padre, le pondrían las cosas difíciles al hijo, por lo que podríamos apuntar a un cierto tufillo gallináceo por parte de éste que acaba por pedirle a su padre que le escriba al rey para pedirle el traslado a un regimiento de infantería de Valencia.
Sin embargo, no sale todo como espera y al final, le es denegado el traslado, se le pierde el memorial donde refleja su posición de noble y por tanto se le deniega el tratamiento como tal. Por lo visto, en aquellos momentos, correos, o lo que realmente sería el sistema de postas, no debía funcionar muy bien, y ya se perdía la documentación.
En definitiva, un cúmulo de despropósitos y lo que más llama la atención, es que siendo el nombre del padre D. Domingo Martí y según alega, perteneciendo al Estado Noble y habitando en la Universidad de San Juan, probablemente pertenecería a los Martí de esta villa, cuyo más importante ascendiente D. Juan Bautista Martí, sobresalió por su espíritu militar que le llevó a crear incluso una milicia a expensas de su bolsillo para hacer frente al infiel, y tan alto éxito tuvo que llegó a ser felicitado y nombrado capitán por el propio rey.
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107. LES COSES DE BATISTE: BATISTE Y SU COCHE NUEVO
A batiste no le ha gustado la idea porque el marido de la amiga de su muejer no sabe hablar más que del Real Madrid, i él es del Barcelona.
Batiste tiene muy claro eso de que quien mueve las piernas mueve el corazón, y el domingo, antes de ir al campo de la amiga de Pepa ha ido andando al mercadillo de Santa Faz. Y entre que le gusta recorrer todos los puestos detenidamente y que luego ha encontrado a su amigo Luís que es muy largo de conversación, pues se le han hecho las doce; y cuando ha llegado a casa, Pepa estaba hecha una furia.
Él ha dejado encima de la cocina las naranjas y las habas tiernas que ha comprado y ha salido apresurado a traer el coche que lo dejó ayer noche tres calles arriba, y tan apresurado iba que casi no puede abrir la puerta y luego le parecía que el motor sonaba distinto y que había perdido fuerza.
Cuando llegó a su casa estaba Pepa plantada en la puerta con el capazo en la mano y una cara de cabreo como hace mucho tiempo que no la había visto.
-Toma la llave y abre tú el maletero –le ha dicho Batiste- que yo voy a coger una botella de vino, no sea que el madrileño ese de m. no tenga y trengamos que comer a secas. Y cuando ha salido se encuentra con que Pepa no puede abrir la puerta del maletero.
-Trae, Trae. –le dice- que tú no entiendes de coches. Y costándole lo suyo por fin ha podido abrir, i entonces ha sido lo bueno: había una caja de sardina fresca recubierta de hielo troceado que estaría por los veinte quilos.
Y Pepa, haciendo un gesto de lo más cómico, le ha dicho:
- Chico, Batiste, ¿Vamos a casa de mi amiga o a vender sardina por la Huerta?
-Coll..! –ha exclamado él estupefacto- que en vez de coger mi coche he cogido el del pescadero. Ya decía yo que lo encontraba raro.
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106. LA ALINEACIÓN SOLAR DE LA FORADÀ
viernes, 7 de marzo de 2008
El lugar en donde, a principios del siglo XVII, se fundó el convento franciscano está situado junto a la población de Benitaya, uno de los pueblos que forman el término municipal de la Vall de Gallinera, en la comarca de La Marina Alta.La fundación del convento es una consecuencia directa de la expulsión de los moriscos de España, decretada en 1609 por el rey Felipe III. Tras la expulsión, el territorio valenciano buscó una necesaria repoblación, y fue así como a lugares como la Vall de Gallinera, en 1611, vinieron gentes de Mallorca bajo el patrocinio de Carlos de Borja y Centelles, duque de Gandía. En 1611, dicho duque favoreció la fundación del convento de Benitaya para los Frailes Descalzos de la orden de San Francisco.
Del convento, a unos cien metros de Benitaya en dirección hacia la Penya Foradà, actualmente sólo quedan unos pocos restos. Este lugar, situado en una explanada, está rodeado de cipreses.
En los alrededores (de propiedad privada), tenemos una bonita fuente que aún lleva la fecha de 1741. La importancia de esta fuente es innegable y la posición del convento en este lugar también debe relacionarse a ella.
El elemento topográfico más llamativo de la Vall de Gallinera es, sin duda, la Foradà. Se trata de un arco de piedra formado de manera natural en la cima de una cumbre de la vertiente sur del valle de Vall de Gallinera. La Foradà es una referencia visual desde muchos puntos del valle pues además se encuentra aproximadamente en su punto medio.
"Subiendo hacia lo empinado del monte, por parte de Mediodía, está situado Benitaya, lugar de veinte i quatro casas, sobre un alto terreno, mira hacia el Oriente i continuando en subir está un Convento de Religiosos y a lo más empinado y alto del Monte, ai un peñón elevadísimo que estando ahugerado por el medio descompasadamente, pasa el Sol por dentro, día de San Francisco y da en el convento".
En esta cita, se habla de una Alineación Solar en el día de San Francisco. Aunque el convento está dedicado a San Andrés del Monte, la alineación se relaciona con el día de San Francisco de Asís (ca.1182-1226), fundador de la orden franciscana y canonizado por el Papa Gregorio IX en 1228.
Desde donde estaba el convento, la anchura máxima aparente del hueco de la Foradà ronda los 11.3 minutos de arco, si bien el ancho en el sentido del curso del Sol es de sólo 4.17’ aprox., por lo que una alineación solar es algo que sólo puede darse en un máximo de dos veces al año.
Esto nos da idea del alto grado de precisión de la alineación en el espacio, pero también en el tiempo, pues este pequeño hueco sólo puede permitir que la alineación dure poco tiempo, alrededor de dos minutos.
A media tarde, la parte iluminada del convento en ese día debía situarse al sur del Calvario, donde hoy sólo pueden verse bancales de naranjos. Cuando el Sol se introduce en la Foradà, es tal su brillo que es difícil saber, si no es con ayuda de filtros que oscurezcan su intensa luz, si realmente está en el interior del arco de la Foradà o por encima de éste. La alineación dura un par de minutos y se produce hacia las 16:42 h T.U. en marzo y a las 16:20 h en octubre.
Vayamos ahora con un documento almacenado en el Archivo Histórico Nacional, Sección Osuna, legajo 735/2-29, escrito por el fraile franciscano del convento en cuestión: Antonio Panes, quizás hacia el año de nuestro señor de 1620: "El sitio donde está el convento, es en la ladera y falda de un monte el qual en invierno, interpuesta su mucha altura, le impide el sol, que apenas debe de gozar tres horas, pero es de notar un cosa, que no pareze carezer de motivo piadoso, y es, que el dia quatro de octubre (que es de la fiesta de N. P. San Fancisco) entrando el sol por un peña que esta horadada, hiere directamente en nuestro convento, y con su luz y resplandor le alegra, como que no han podido sufrir sus rayos, que es tan festivo dia se le oponga el monte, y así le penetran y le taladran".
Sería interesante saber cómo era la planta y alzado arquitectónico del convento franciscano, pues tal vez, la alineación solar hubiera sido aprovechada para iluminar, quien sabe, alguna imagen de San Francisco o un altar. De ese modo esta hierofanía sería completa.
Por desgracia nunca lo sabremos.
te convento se haya arruinado completamente y toda la información se haya perdido.
Podemos imaginar como, a través de un rosetón o de una ventana, los rayos del Sol se introducían en una capilla, por lo demás en penumbra, e iluminaba al santo durante unos momentos. En el día de su efeméride, esto podría ser realmente llamativo.
En todo caso, como ya hemos dicho, del mencionado convento no queda más que muy escasos restos, tal que ni siquiera hoy los caminantes y habitantes locales se percatan de que en otro tiempo allí hubo una construcción de orden religioso más allá del calvario actual. Aunque el convento haya desaparecido, el Sol sigue atravesando la Foradà cada año en el día de San Francisco, repitiendo una alineación intencionada buscada por los antiguos franciscanos, e iluminando lo que aún hoy, a pesar de los cambios, es un espacio de carácter sagrado en el que se respira una tranquilidad sosegada.
En marzo de 2007, el fenómeno se dio a conocer.
En el primer fin de semana en que su observación fue posible, decenas de personas se acercaron al solar del antiguo convento para disfrutar de un espectáculo hermoso. La tradición oral iba a recobrar vida haciendo que la gente también fuera partícipe directa de ella. Esto fue conocido por periodistas de modo que el fenómeno incluso se ganó ser portada en el Diario Levante de de Alicante.
Se ha revitalizado la alineación solar y en los siguientes años atraerá mas y mas la atención.
Se ha dado a conocer un "lugar de peregrinación" para todos los amantes de la arqueo-astronomía, amantes de los fenómenos naturales, senderistas, etc...
Y, al tiempo, se ha recuperado un fenómeno digno de orgullo para los lugareños, pues dicha alineación nació en 1611, año en el que la zona fue repoblada por gentes de los que descienden muchos habitantes actuales.
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106. LIBRO RECOMENDADO DEL MES "DERECHO CONSUETUDINARIO Y ECONOMÍA POPULAR DE LA P. DE ALICANTE"
Siguiendo con las recomendaciones que estamos haciendo de libros que hablen de nuestra tierra, este mes queremos hacer mención de un libro muy especial por ser de quien era: "Derecho consuetudinario y economía popular de la provincia de Alicante", de D. Rafael Altamira, ya que si en diciembre comentábamos que era hijo adoptivo de Sant Joan, algo que era desconocido por la gran mayoría de habitantes de esta villa, el mes pasado incluimos un artículo en el que se hacía referencia a la Escuela Libre de Enseñanza, que toma las bases de este alicantino adelantado a su tiempo y que a punto estuvo de recibir el Premio Nobel de la Paz y que sólo su repentina muerte se lo impidió. Volviendo al libro, hemos de decir que es una perfecta muestra de las tradiciones, costumbres, en definitiva, del vivir de un pueblo hace cien años, pero que como quiera que ese entramado de costumbres, se mantuvo en cierta manera vigente hasta bien entrada la mitad de la pasada centuria, podemos concluir, que lo que comenta el libro, es perfectamente válido en muchos aspectos hasta hace unos treinta o cuarenta años.
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106. LA MULTA DE LOS 20 REALES
Que a uno le pongan una multa sienta bastante mal, es algo lógico. Si además es una infracción de tráfico hay que incluir, o mejor dicho descontar, los puntos correspondientes del permiso de conducir. Pero hay algunos que toman una multa como una grave ofensa personal. En 1866 un vecino de Sant Joan se lo tomó demasiado mal y decidió denunciar ante el Juez del Partido Judicial a D. José Casar, alcalde de la entonces llamada "Regia Universidad de San Juan y Benimagrell", hecho que podría haberle costado la alcaldía. Veamos lo que ocurrió.
Según un documento al que ha tenido acceso LLOIXA, concretamente el nº 256 de la Gaceta de Madrid (equivalente al BOE actual) correspondiente al 13 de septiembre de 1866, D. Raimundo Vicente Ferrer se presentaba muy molesto ante el alcalde, el mencionado Sr. Casar, para recriminarle una multa de 20 reales impuesta a su esposa Dª Teresa Sarrió por infringir un bando municipal que desconocemos. Por lo visto consideraba la penalización del todo injusta. Este vecino, al que imaginamos ya muy acalorado, recriminó al alcalde el que le hubiera levantado la mano a su esposa y que además hubiera puesto su nombre en la multa quedando así él como infractor del bando. Cómo tuvieron que ponerse las cosas para que el alcalde mandara arrestar a D. Raimundo Ferrer el cual, como ya hemos visto, acabó denunciándole al salir del calabozo.
Algo de esta magnitud y encima con una denuncia que pesaba sobre el alcalde, fue lógicamente investigado no encontrándose testigos que corroboraran lo dicho por el Sr. Ferrer salvo en lo referente al arresto, por lo que la causa de la presunta agresión fue sobreseída. Pero la cosa no acabó aquí. Suponemos que D. Raimundo Ferrer sería de los de "usted no sabe quién soy yo" y seguiría moviendo los hilos. Decimos esto porque al final, la Audiencia Territorial dejaba en papel mojado esta sentencia y mandaba que se actuara contra el alcalde por el arresto y demás abusos antes mencionados.
Una de las razones por las que se actuaba contra el alcalde era por haberle negado al Sr. Ferrer certificación de la providencia por la que se le imponía la multa. Además incluían el maltrato hacia su persona y la amenaza a la Sra. Sarrió. Por todo esto el juez pedía autorización para actuar, autorización que fue negada por el Gobernador Civil, D. Juan José Balsalobre con el acuerdo del Consejo Provincial.
Balsalobre aducía la falta de testigos que corroboraran los hechos referidos a la agresión y a la amenaza y defendía la actuación del alcalde considerando correcto que hubiera entregado la parte de la multa correspondiente según dictaba el art. 59 del Real Decreto de 12 de septiembre de 1861. Según el Gobernador, Ferrer no hubiera sacado más información de la certificación íntegra que la que ya tenía en la multa. Como hemos dicho nadie corroboraba la agresión y el maltrato al matrimonio Ferrer-Sarrió, sino más bien lo contrario; un testigo afirmaba que la agresión y el maltrato habían venido de D. Raimundo Ferrer y que además había amenazado a otro testigo.
Por tanto S.M la Reina Isabel II confirmaba la negativa del Gobernador y firmaba el documento el 17 de agosto de 1866 en Zarautz, su tradicional lugar de veraneo.
Terminaba el documento con la ratificación del Presidente del Consejo de Ministros D. Ramón María Narváez y era publicado el 13 de septiembre de 1866, por lo que el alcalde D. José Casar , tuvo que pasar un Día del Cristo bastante relajado a la vista del peso que se quitaba de encima.
Dos años después era destronada Isabel II y se instauraba un Gobierno Provisional. Los Reales dejaban paso a la nueva unidad monetaria, la Peseta, el 19 de octubre de 1868. La equivalencia aproximada y comunmente aceptada era y es la de 1 peseta = 4 reales. Es decir, la multa que tendría que haber pagado el Sr. Ferrer equivaldría a 5 pesetas, un Duro de la época. Toda una fortuna.
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106. APELLIDOS SANJUANEROS (PARTE 5)
Desglosando este censo, tenemos que los apellidos más frecuentes en esta época son:
- GOSÁLBEZ ..................................28 veces
- SALA .............................................22 veces
- ORTS ............................................19 veces
- BAEZA ..........................................15 veces
- LLOPIS ..........................................8 veces
- BUADES .........................................7 veces
- GARCÍA .........................................6 veces
- NAVARRO .....................................6 veces
- LLEDÓ ...........................................5 veces
- TEROL ...........................................5 veces
- PLANELLES ..................................5 veces
En menor cantidad aparecen otros muchos como: RUZAFA, JUAN, RIPOLL, CARBONELL, SEVILA, CARRATALÁ, PASTOR, MORANT, FERRÁNDIZ, PÉREZ, SELLERS, etc.
En total tenemos 168 cabezas de familia en San Juan y 36 en Benimagrell, si esto lo multiplicamos por 4 ó 5 (miembros de una familia), nos sale una población de 800 a 1000 personas. Habría que añadir las familias sanjuaneras que vivían en La Condomina y en Campello, (ambas de la ciudad de Alicante).
Comparando este censo con uno de Muchamiel del mismo año, con apenas un kilómetro de distancia entre ambos pueblos, se aprecia una serie de apellidos que aparecen en un pueblo y en otro no.
Mientras que en Muchamiel aparecen con el apellido PASTOR 32 cabezas de familia, en San Juan sólo aparecen 3. Otros ejemplos son:
MUCHAMIEL SAN JUAN
- LLEDÓ .............. 24 ...................... 5
- BOIX ................. 13 ....................... -
- AYELA .............. 12 ....................... -
- ALBEROLA ....... 9 ........................ -
- ORTS................... - .......................19
- BAEZA ................ 1 .......................15
- BUADES ............. 1 ........................7
- LLOPIS ............... - ........................8
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106: LES COSES DE BATISTE: "JUGUETES BÉLICOS"
Se trata el juguete de una pistola de agua que le da el timo a cualquiera porque es una imitación perfecta de las que usa la Guardia Civil, y ya cuando iba para casa pensó Batiste que podía gastarle una broma a Pepa, su mujer. Se la enseñaría apuntándole y le lanzaría un chorrito de agua. Ella se pondría hecha una fiera y él se reiría a gusto. Pero no siempre salen las cosas como uno las planea, pues Batiste que pensó reir con la broma, cuando llegó el momento no lloró por vergüenza. Veamos lo que ocurrió.
Era la una y media de la tarde y Pepa había cerrado la llave del fuego de butano porque la olleta ya estaba cocina, bien hecha, como le gusta a su marido; y se sentó a ver la tele que estaba dando una película de gangsters. La chica de la cinta es buena, y ante la crueldad que descubre en su novio al que ella creía un representante de maquinaria de obras públicas, lo denuncia a la policía; y cuando él se entera, antes de huir a Nueva York, va a matarla. Ella se esconde hasta que al fin el malvado la descubre y se dispone a asesinarla. La escena es de lo más emocionante.
- ¡Muere traidora! Le dice el gángster apuntándole a la cabeza con el arma, que casualidad, es idéntica a la que ha comprado Batiste para el sobrino, pero que dispara balas y no agua del grifo.
En ese preciso instante entra Batiste que le dice a Pepa las mismas palabras que el criminal a la protagonista de la película:
-¡Muere traidora! Y le lanza el chorro de agua. Pero Pepa que está muy metida en el desarrollo del drama, coge una paellera que tiene a mano y le atesta tal "paellerazo" a su marido en la frente, que este abre los ojos, se pone blanco, le cae la pistola de la mano y luego se desploma quedando sentado en el suelo.
Después vino lo de - Perdona’m, perdona’m! Yo en ese momento creía que eras el criminal, sí Batiste te lo juro.
Y Batiste ya algo recuperado (aunque el chichón de la frente va creciendo) la da la razón a Pepa.
-No sé cómo he podido ser tan tonto, - dice luego – yo que siempre estoy diciendo que con las armas no se debe jugar aunque sean de juguete
-En eso te doy la razón, amigo Batiste, ni aunque sea con una pistola de agua.
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106. CUENTO DE ISIDRO: "CONFLICTO FAMILIAR EN SANT JOAN"
Rafael fue a despertar a su sobrino a la hora de costumbre y comprobó que este ya no estaba en la cama, y pensó que se había ido a la huerta porque no quería permanecer en el pueblo un día tan señalado.
Julieta, la esposa de Rafael, se levantó más tarde y al ver que no estaba su sobrino le preguntó al marido por él, quien le dijo lo que pensaba, pero ella no se conformó con la respuesta y entró en la habitación para cerciorarse, saliendo al instante, pálido el rostro y en la mano una hoja de papel que entregó a su marido. Tío –decía la nota- Me marcho voluntario a la guerra, no tengo otra opción. No creo que vuelva al pueblo, porque si no me matan, cuando esto termine, me marcharé lejos de aquí. Juan.
No podía comprender Rafael la causa por la que su sobrino había tomado semejante decisión. Estaba en la casa como si fuera un hijo, disponiendo de buena ropa y llevaba un duro en la cartera, cosa que no todos sus amigos tenían. Parecía un muchacho feliz y nada partidario de aquella guerra entre hermanos a la cual se había ido voluntario. Algún motivo grande tendría, y grande tenía que ser para que un muchacho sensato como Juan obrara de aquella manera, de eso estaba seguro Rafael, pero ¿Cuál podía ser el problema?
Veamos pues lo que sucedió. Juan había perdido a su padre que era el hermano mayor de Rafael, cuando era casi un niño, y la madre a los 18 años, por eso como ambos hermanos siempre se habían llevado bien, Juan fue a vivir a casa de sus tíos que no eran mucho mayores que él. Rafael, contaba a la sazón treinta años, y Julieta su esposa 26. Julieta era una mujer muy temperamental que nada más entrar Juan en la casa comenzó a colmarle de atenciones que el bueno de Rafael pensó que eran debido a su orfandad y para que comprendiera que allí se le aceptaba con gusto. Juan, al principio se hacía el desentendido y llegó a el momento que ella le perseguía tenazmente y él la esquivaba como podía, pero comprendía que siendo una mujer muy atractiva llegaría un momento que cedería, y para evitarlo, decidió abandonar la casa. Pero ¿dónde ir? Pues a la guerra y que fuera lo que Dios quiera. Así pues, sin decírselo a su tío se inscribió y abandonó la casa silenciosamente la madrugada del 15 de septiembre de 1936.
Tuvo un breve periodo de instrucción en Cartagena y antes de un mes, estaba en el frente de combate: Madrid, Brunete, Teruel y por fin Extremadura donde acabó la guerra. Durante este tiempo, muchas veces vio cerca la muerte, pero salió ileso sin que una sola bala, un trozo de metralla o los quince grados bajo cero de la batalla de Teruel, acabaran con él. Más el cese del fuego, no fue el final del sufrimiento, pues estuvo retenido un año en un campo de trabajo cerca de Salamanca y el día 1 de abril de 1940 era puesto en libertad.
¿Qué hacer entonces? Sin dinero, sin trabajo, en Salamanca donde no conocía a nadie y soldado del bando vencido. Comenzó a andar carretera adelante sin rumbo fijo y se dirigió sin saber por qué a la estación del ferrocarril; quizá pensando que alguno de aquellos trenes podrían llevarle hasta su amada tierra; pero no, eso no podía ser. Su gran secreto se lo impedía, él no podría volver jamás a su pueblo. Allí estaba ella que no le perdonaría jamás haber rehusado sus encantos y le enemistaría con su tío que era un santo. Pero esto no sería lo peor, pues si su tío la creía a ella, le cerraría la puerta de su casa aunque no sería capaz de hacerle ningún daño: lo peor era lo que nadie sabía, que él estaba perdidamente enamorado de ella desde la primera semana de entrar en aquella casa.
Eran las cinco de la tarde y desde las siete de la mañana en que había tomado un caldo negro al que llamaban café, que no había comido nada. Sentía hambre y desfallecimiento pero seguía andando, dejó atrás la estación con sus ruidos y tráfico de gentes presurosas y, de pronto escucho el tañido de una campana muy cerca de él, comprobando que se hallaba junto a la puerta de una iglesia; entró en ella y tomó asiento en uno de los últimos bancos, que se hallaba completamente vacío. Salió el sacerdote y comenzó el oficio. Primero fueron rezos y luego cánticos, los mismos que en el pueblo, que le hicieron sentirse transportado a los años de su adolescencia. Se arrodilló y lo hizo con gozo sin sentirse obligado a hacerlo como ocurría en las misas de campaña del campo de trabajo, y por primera vez, en mucho tiempo se sintió a gusto; en paz, y sin temor a nada, y tanto fue así, que terminó la función religiosa sin apercibirse de que los fieles abandonaran el templo y sólo él permanecía allí arrodillado con la cabeza apoyada en sus manos sobre la madera del reclinatorio. De pronto, notó que alguien le tocaba suavemente la cabeza, era el párroco, un hombre de unos sesenta años que con una sonrisa bondadosa en los labios, le dijo: -¿Puedo ayudarte en algo?
Un poco sorprendido Juan, le respondió que no y le dio las gracias por su atención, pero el sacerdote insistió y ante su insistencia, no pudo seguir negando y en breves palabras le explicó su situación.
-Ven conmigo- dijo el cura- Juan le siguió y saliendo de la sala, atravesaron la sacristía y entraron en la vivienda del sacerdote, yendo directos a la cocina, y una vez allí, le preparó una taza de leche caliente y unas tostadas con mantequilla.
Juan lo tomó con avidez aunque tratando de no parecer mal educado.
Luego, le hizo pasar a un pequeño cuarto de aseo para que se lavara y afeitara, y hecho esto le ofreció una muda y luego un pantalón negro y un suéter de lana gris. Cuando salió del aseo, tenía un aspecto distinto, pues lavado y afeitado, y con aquella ropa limpia, parecía haber rejuvenecido diez años. Entonces el sacerdote le hizo tomar asiento cerca de la chimenea que tenía encendida y le ofreció un cigarrillo.
Juan lo rehusó con una sonrisa diciendo. No, gracias, aún no he aprendido a fumar.
Mucho mejor, hijo, yo si que tengo ese vicio, y tomando asiento frente a él comenzó a fumar. Luego dijo:
-¿Cuándo piensas volver a tu pueblo?
-No pienso hacerlo, padre, no puedo. Me quedaré aquí o iré a otro lugar, pero no a mi pueblo. Le contaré, si usted quiere oírme, porque no quiero volver a mi pueblo.
Cuando terminó Juan su relato, tardó el sacerdote unos segundos en comenzar a hablar y le dijo así: -Yo puedo darte unos días de trabajo adecentando un poco el jardín de la iglesia que está muy descuidado y puedo hablar para que te den una cama mientras estés en esta ciudad: esta noche puedes dormir aquí.
Los días de arreglo del jardín se convirtieron en semanas y luego en meses porque en la iglesia siempre había alguna cosa que reparar: una luz, una gotera, … Y él era mañoso. Oía misa todos los días y comía en la mesa del sacerdote que parecía encontrarse muy complacido de su comportamiento. Leía libros y periódicos y apenas salía de la iglesia, y al cabo de un año conoció a María. Una muchacha que iba todas las tardes al vía crucis. Simpatizaron desde el primer momento, y era aquella el polo opuesto a la mujer de sus sueños, a Julieta. Tímida, bondadosa y formal; quizá por eso le agradó a Juan, pues ella no era nunca la que tomaba la iniciativa en nada, luego con mucho juicio exponía lo que le agradaba o no.
María vivía con su madre que era viuda de un capitán de artillería que había muerto heroicamente en la guerra. Siendo el caso que al principio se opusiera a aquella relación de su hija aunque después de tratar a Juan acabó accediendo y al año les insinuó el matrimonio aunque a Juan no le satisfacía la idea ya que el sueldo que cobraba en la iglesia no era suficiente para formar una familia; y aunque se lo hizo notar a la futura suegra, ella no le dio importancia a la cuestión, y se la notaba muy animada con la idea de la boda. Le dijo a poco que tenía que viajar a Madrid y en cuanto regresara podrían empezar a realizar arreglos de obra en la casa para instalarse en ella, ya que era una casa grande en la que podían vivir muchas personas.
La madre realizó el viaje y contra lo que había dicho sobre que serían tres o cuatro días a lo sumo, tardó el doble y cuando lo hizo fue para causarle una gran sorpresa a Juan, pues había regresado acompañada de su tío Rafael.
Al verle se quedó indeciso porque no sabía como iba a actuar su tío, pero pronto salió de dudas porque éste se le abrazó llorando y no cesaba de decirle:
Lo sé todo, lo sé todo, querido sobrino, eres un hombre; muy pocos hubieran hecho lo que hiciste tú. Y ya cuando estuvo calmado, le relató que su mujer le había abandonado e intentado embarcar en el "Stanbrook" con un comandante de carabineros, y que al no lograrlo contrataron una barca pesquera a cambio de mucha plata para que les llevara a Argelia, ocurriendo, que a mitad de camino se encontraron con un fortísimo temporal de levante que hundió el pesquero pereciendo todos en el naufragio.Cuando Rafael terminó de hablar lo hizo la madre de María para decirles lo que menos esperaban oír.
-Desde hace un año estamos en contacto Rafael y yo, y nos hemos escrito unas treinta cartas y telefoneado muchas veces, y por fin, nos hemos conocido personalmente en Madrid. Bien, a consecuencia de lo dicho, nuestros planes, son los siguientes, que el día de vuestro casamiento, serán dos bodas, que se celebrarán, la vuestra y la nuestra. Y se cogió del brazo de Rafael.
María y Juan se miraron sorprendidos y luego reaccionando, se fundieron los cuatro en un abrazo. La casa de Salamanca se vendió. Se celebró la boda en la misma iglesia y los nuevos matrimonios marcharon a Sant Joan, pues la cosecha estaba buena para recoger y eran muchas tahúllas de almendros propiedad de Rafael, y las dos mujeres, que tenían mucho que disponer en el arreglo de la casa, que como la de Salamanca era grande y podían habitar en ella cuatro personas, más las que con el tiempo vinieran.
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106. ESTAMPES MINAGRELLERES (PARTE 1)
El Benimagrell de mi niñez, estaba atravesado por la carretera de la Playa, una carretera de piedra compactada, sin aceras o con aceras de tierra limitadas por un simple bordillo (el "barró") de piedra viva, aceras que los vecinos más acomodados podían cubrir con algo de cemento, para que la mujer pudiese barrer, por la mañana temprano, y echar algo de agua ("arruixar"), para mitigar el polvo que levantaban los coches al pasar.
Calle de todos. De las bicicletas y de los carros, de madrugada, en las horas en que los jornaleros se iban a trabajar, cada uno a su tajo, o a su parcela (el bancal).
A pie o en bici, porque todavía no habían llegado los tiempos de la Vespa, el Vespino ni siquiera el Isocarro o el motocarro, que se hizo tan popular años después.
Calle del "ganao" (ramat) de Modesto Sendera o de Paco el de les cabres, que pasaban a la hora en que los chavales salíamos para el colegio ("la escola de don Jaime", junto a la peluquería de Pepe el Barber, o la de "doña María"), que estaba al principio del pueblo, frente a la casa "del Vigilant", el sereno oficial de Benimagrell.
Cada casa tenía una o dos cabras, que "pasturaban" en uno de los dos ramats, a cambio de una pequeña recompensa semanal al cabrero o pastor. Cabras inteligentes, que sabían perfectamente cuando tenían que salir, y que jamás se equivocaban de "ganao" al salir, ni de casa, al volver a su corral por la tarde.
El espectáculo del paso del ganado, era absolutamente curioso. Cada mañana, con puntualidad, al paso del pastor, se abría la puerta del corral, y las cabras, sin ninguna indicación ni ayuda, salían mansamente de las casas y se incorporaban al resto del "ramat". Por las tardes, al anochecer, a la vuelta, según se acercaban a cada puerta, las cabras se separaban del resto y –cada una- entraba en su casa, sabiamente y sin equivocarse jamás, atentas solamente a no dejar ni una cagarruta, porque ello les hacía acreedoras de un escobazo de la dueña de la casa.
Media mañana, otra estampa típica: Pepe "el peixcater", un hombre manco, muy delgado, con boina, que llevaba una bicicleta aparejada con un "corbo de peix", una caja muy grande en el sillín trasero, en donde llevaba la morralla, la sardina, el "sorell", la morena o el "congre", los pulpitos o el "bacallaret"... junto con una balanza de fiel metálico, cuyas pesas eran piedras de la playa, que debían tener un peso preestablecido.
Las mujeres salían a comprar y a regatear la mercancía. Y era absolutamente curioso ver al manco seleccionar el pescado, colocarlo en el platillo, pesarlo, envolverlo en un papel de estraza y cobrar... todo ello con una sola mano, y el muñón de la otra. Una estampa entrañable, digna de una película en blanco y negro.
Desde el mediodía hasta las cinco de la tarde, la calle entraba en una somnolencia propia de cada estación en donde la calle era de la chiquillería al ir y volver del colegio, solos, o con los hermanos mayores, porque la calle era de los niños, niños absolutamente libres y seguros, en una época en que el pueblo apenas era cruzado por media docena de carros y la misma cantidad de coches, en todo un día, camino de la playa. Y la seguridad se hacía efectiva en las casas, todas con la puerta abierta o, como mucho, entornada.
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105. DESDE EL ARCHIVO: LOS PRESUPUESTOS MUNICIPALES DE 1869
martes, 12 de febrero de 2008
- LOS PRESUPUESTOS MUNICIPALES DE 1869 -
Aproximación al expediente presupuestario más antiguo de nuestro Archivo Municipal.
De sus caracteres externos destacan el empleo de la tinta ferrogálica o marrón, la cuidada confección del documento, la belleza de la caligrafía y la calidad del papel empleado (pese a la tonalidad amarillenta propia del paso de los años). Hay un detalle en cuanto al papel que llama nuestra atención: se trata de la expresión "Habilitado por la Nación" estampada sobre el timbre, situado en la parte superior del documento. Como era propio en la época, para la confección de estos documentos se empleaba papel timbrado con el escudo de la Corona. Sin embargo, tras el destronamiento de Isabel II como consecuencia de la revolución de septiembre de 1868 (La Gloriosa), el Gobierno mandó que sobre los timbres en los que apareciese el busto de la reina o el escudo real se imprimiese la mencionada frase de "Habilitado por la Nación". Era una forma de dejar claro que las cosas habían cambiado y de, a la vez, aprovechar los recursos preexistentes, en este caso el papel.
Volvamos al documento y centrémonos en su contenido. Veamos en primer lugar quienes son las personas que intervienen en él. En todas y cada una de las hojas del mismo (excepto en la última) encontramos cuatro firmas. Como representantes del poder político local figuran la rúbrica del Alcalde, Antonio Berenguer y de dos Regidores Comisionados, Vicente Martínez y Vicente Buades. Bajo todas ellas y para dar fe del acto encontramos la del Secretario accidental del Ayuntamiento, Vicente Planelles. Por lo que respecta a la última hoja, como la aprobación de los presupuestos correspondía a la Diputación provincial, en ella figura la transcripción del acuerdo de la sesión plenaria celebrada el 16 de septiembre en la cual dicha corporación "aprueba el presupuesto municipal ordinario del pueblo de San Juan". Firma dicho acuerdo el Vicepresidente de la Diputación, Ciro Pérez y autoriza el documento el Secretario – Interventor de la Diputación, Thomás Brotons.
Desde el punto de vista presupuestario o contable, se divide en presupuesto de gastos y presupuesto de ingresos. A su vez, cada uno de ellos se divide en capítulos, 12 en el de gastos y 9 en el de ingresos. La suma de unos y otros arroja unos resultados claramente deficitarios, pues mientras que el presupuesto de gastos se eleva a 4567 escudos, 985 milésimas, los ingresos naturales ascienden a la pobre cantidad de 400 escudos, 355 milésimas. Todo ello arroja un déficit de 4167’630 escudos. Para cubrir el mismo "se autorizan los recargos ordinarios del 10, 15 y 45 % sobre la contribución territorial, industrial e impuesto personal y los extraordinarios de 30 y 25 % sobre los dos primeros", lo que significaba hacer frente al déficit incrementando la presión fiscal.
El estudio de algunos de los capítulos de gastos e ingresos nos ofrece datos interesantes, Veamos en primer lugar la procedencia de los exiguos ingresos municipales. 130 escudos procedían del "producto del arbitrio de romana, pesos y medidas de uso voluntario" y los restantes 270’355 escudos del "producto de arbitrios de puestos públicos de la plaza y ambulantes". El análisis del arbitrio de pesos y medidas nos permite conocer cuáles eran las unidades de medida empleadas en el Sant Joan de 1869: la barchilla, la media arroba y el medio cántaro para líquidos y el celemín y el medio celemín, entre otras. Por lo que respecta a los puestos públicos, entre ellos figuran puestos de "quincalla, cintas, sedas", "zapatos y cáñamo en rama y elaborado" y "agua helada".
No menos interesantes resultan los capítulos de gastos. El capítulo 1º nos permite conocer la nómina de empleados municipales, a saber: secretario, escribiente, alguacil pregonero, segundo alguacil, depositario, médico titular, médico cirujano, comadrón, encargado del reloj y conductor de la correspondencia. Los salarios van de los 440 escudos que percibía el secretario a los 20 del encargado del reloj, pasando por los 180 del médico titular y los 150 del alguacil pregonero. Junto a estos empleados, el Ayuntamiento retribuía también al sereno con una gratificación de 108 escudos y al maestro y maestra, siendo llamativa la diferencia entre uno y otra, pues frente a los 440 escudos que percibía el primero, la maestra cobraba 293’300 escudos.
El capítulo 9º, titulado "cargas" nos permite conocer la relación de personas que percibían intereses del Ayuntamiento por haber actuado como prestamistas de la Corporación: Miguel Carratalá, herederos de Esteban Die, Conde de Casas Rojas, Conde de Almodóvar y Rafael Ferraz y Canicio, todos ellos percibían un total de 352’885 escudos.
Por último, en el capítulo 10º, dedicado a "obras de nueva construcción", encontramos dos apuntes curiosos. En primer lugar se destinan 320 escudos "para pago del 4º plazo de la Casa Consistorial comprada por el Ayuntamiento al Real Patrimonio"; también ha llamado nuestra atención otro apunte por el que se consignan 100 escudos "para atender el tercer plazo de la campana comprada por el Ayuntamiento para el reloj público colocado en la torre de la nueva iglesia" (1)
Como vemos, el estudio de este expediente, más allá de los datos meramente económicos, nos aporta información sobre la realidad histórica de Sant Joan en 1869. Tras la incorporación al Archivo Municipal de los documentos que se encontraban en las dependencias del Mercado de Abastos, la serie documental "presupuesto ordinario" ha pasado a ser una de las de mayor antigüedad y continuidad temporal de nuestro archivo, abarcando desde 1869 hasta nuestros días.
Volveremos, en próximos números, con más curiosidades y datos de interés de nuestro Archivo Municipal.
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Etiquetas: ARCHIVO, historia, nº 105, sobre sant joan



